Madrid Rojo

Reflexionar desde la izquierda

Archivar en la categoría “Mauricio Valiente”

La unidad popular, el único camino


Por Mauricio Valiente

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Mitin en La Dehesa de la VillaLa militancia de Izquierda Unida integrada en Ahora Madrid llama a respaldar esta candidatura en las elecciones municipales del 24 de mayo. Ahora Madrid es la candidatura de unidad popular en la que confluimos y nos unimos compañeros y compañeras de Izquierda Unida, Podemos, Equo y colectivos y movimientos sociales que se han movilizado contra las políticas de recortes. Leer más…

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Madrid, por delante de la deuda


por Mauricio Valiente Ots y Carlos Sánchez Mato

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El balance que Ana Botella ha presentado de su gestión en el Ayuntamiento de Madrid ha pintado una ciudad idílica que reduce a marchas forzadas una descomunal deuda cuyo origen no ha sido aclarado a los ciudadanos pero que está ligado a operaciones urbanísticas que no respondían a las necesidades generales sino, más bien, a los intereses de las grandes corporaciones que ejecutarían y gestionarían las infraestructuras a construir y a los de las entidades bancarias que las financiarían. Leer más…

Algo más que la vía lactea


por Mauricio Valiente

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En estos días se escribirán muchas cosas sobre Eduardo Galeano. Su vida. Su obra. Sus trabajos. Su compromiso. Sus amores. Sus amistades. Como homenaje y contribución personal me gustaría destacar dos efectos que provocaron en mí la lectura de sus libros de historia y el ejemplo de su compromiso militante. Eduardo Galeano supuso para mí y para muchos compañeros de mí generación el descubrimiento de América latina. Publicado en Cuarto Poder

No cualquier tipo de descubrimiento, como el afrentoso del Quinto Centenario del inicio de la conquista, que es su opuesto en todos los sentidos. Con Las venas abiertas de América latina y Memoria del fuego descubrimos las Américas que luchan; nos indignamos, nos emocionamos y nos identificamos con el destino de la patria grande de Bolívar y el Che. Sobre todo, nos inició en la pasión por el conocimiento de la historia y las luchas de los pueblos americanos. Siempre recordaré la lapidaria sentencia con la que un profesor de nuestra Universidad, al preguntarme qué libros había leído sobre América y responderle en primer lugar con Las venas abiertas, fulminó esta obra: no es historia.

El propio Eduardo Galeano lo advertía en el prólogo de Las venas abiertas de América latina, no tenía la pretensión de hacer historia profesional, y lo repitió en muchas ocasiones. Sin embargo, sin desmerecer la divulgación y la investigación según los cánones académicos, estoy convencido que el cuadro impresionista de sus relatos, de sus poderosas imágenes, de los textos seleccionados, han hecho más por la historia que cualquier sesudo tratado. La visión que ofrecen es una invitación permanente al cuestionamiento de nuestro pasado, a la crítica del colonialismo y el imperialismo, a la comprensión de los otros, a profundizar en las fuentes históricas. En este compromiso, junto a la calidad literaria, es donde radica el valor de las inclasificables obras de Eduardo Galeano (como escribió en el umbral de Memoria del fuego: ignoro a qué género literario pertenece esta voz de voces… No creo en las fronteras que, según los aduaneros de la literatura, separan a los géneros). No son un relato frio de sucesos ni una sucesión de análisis socioeconómicos. Son extractos de la vida de los pueblos, de las resistencias, de las trampas de la historia, de los engaños y las manipulaciones de los que mandan, de los sueños y construcciones de los que se rebelan, de los de abajo.

En los mismos años en los que descubríamos la historia de América latina con sus obras, Eduardo Galeano no dejó estar presente con su acción militante. Su firma, su presencia y sus posiciones fueron una constante en la solidaridad con las luchas democráticas y populares, en la defensa de las revoluciones cubana y nicaragüense, de la oposición al pago de la deuda externa, en la crítica al imperialismo y la complicidad de los gobiernos europeo occidentales, incluido el español presidido por Felipe González, ese amigo del alma de Carlos Andrés Pérez y otros sátrapas de la década perdida latinoamericana. La obras de Eduardo Galeano fueron un poderoso instrumento frente a quienes se empeñaron en la celebración de un Quinto Centenario al que, en este caso sí, con toda la rabia de siglos de opresión y mentira, le podemos arrojar el anatema del profesor que cité más arriba: no es historia.

Eduardo Galeano, que vivió en carne propia, la represión y el exilio, siempre mantuvo su compromiso con las personas refugiadas. Fue uno de los imprescindibles, que no falló y respondió cuando le llamamos desde la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) para firmar un manifiesto o mandar un saludo al Foro Social Mundial de las Migraciones. Un ejemplo solidario y militante, por desgracia, muy necesario en la actualidad, en momentos de una de las mayores crisis de desplazamiento forzado que estamos viviendo desde la Segunda Guerra Mundial y los procesos de descolonización. Este fue y es el segundo efecto que provocó en muchos de nosotros: el estímulo de su coherencia.

Mario Benedetti escribió una de las cosas más bonitas sobre el país común de estos dos grandes escritores, Uruguay, en la que destacaba, entre la orgullosa humildad de su tierra, que los orientales disfrutan de una de las visiones más espectaculares de la vía láctea. Años más tarde, al visitar la patria de Artigas, Seregni y Arismendi, comprendí el porqué de esta descripción. La identidad de los países se construye un poco con los paisajes, con sus astros, sin duda con sus luchas y con quien trabaja sus aceros, como decía Gabriel Celaya. Uruguay, con Eduardo Galeano, tiene algo más que la vía láctea.

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