Madrid Rojo

Reflexionar desde la izquierda

PRESENTACIÓN DE ALBERTO GARZÓN EN EL FÓRUM NUEVA ECONOMÍA


por Carlos Sánchez Mato.

Quizá lo que más envidie yo de Alberto Garzón no sea su buena planta, que también, sino la juventud. Este economista de 30 años al que me honro en presentar, riojano de nacimiento y malagueño de adopción, fue investigador en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla después de haber estudiado economía en la universidad de Málaga. Su pasión por esta ciencia social viene de una convicción: la economía o la haces, o te la hacen. Alberto, afortunadamente, decidió “hacerla”.  Miembro de ATTAC y del colectivo Economía crítica, estudió después en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Complutense de Madrid, concretamente el máster de Economía Internacional y Desarrollo impartido por el departamento de Economía Aplicada I. Dicho departamento fue el espacio académico donde impartió clases Sampedro, a quien Garzón ha agradecido públicamente ser el fundador de esa “aldea gala” en la que muchos, entre los que me incluyo, tanto hemos aprendido. Quienes piensen que la actual crisis fue una sorpresa, es porque no pasaron por allí.

Militante del PCE y de Izquierda Unida desde 2003, desde las elecciones generales de 2011 ha sido uno de los diputados que formaron parte de Izquierda Plural y que protagonizó intervenciones inolvidables para muchos de nosotros, como aquella que televisó a través del móvil furtivamente en una comparecencia a puerta cerrada a Draghi. Estuvo en las calles y las plazas, como tantos y tantas reclamando democracia a través del 15M. Desde 2014 es secretario del proceso constituyente de Izquierda Unida y en 2015 fue elegido, mediante primarias, candidato a la presidencia del Gobierno de España por Unidad Popular en las elecciones generales de 2015.

Alberto reniega de un sistema económico como el capitalista al que atribuye gran parte de la responsabilidad de las penurias que sufre la humanidad hoy en día. Lo hace, como yo, desde un análisis marxista que concibe el capitalismo como un sistema económico positivo desde el punto de vista de la emancipación individual y la liberación de las capacidades técnicas, todo lo cual ha posibilitado a la sociedad alcanzar niveles de bienestar material sorprendentes. Sin embargo, la propia dinámica del sistema es posible sólo mediante la generación de desigualdades e imposibilita, por tanto,  bienestar real para la mayoría. Es innegable la generación de un proceso de regresión social en el que la población vive cada vez en peores condiciones.

Alberto, en coherencia con este análisis nos ha descrito en estos últimos años en sus publicaciones y discursos lo que supone la presión de la competencia capitalista en la búsqueda por la ganancia económica que empuja a todos los agentes económicos hacia una carrera sin fin que nos conduce hacia el desastre medioambiental, amenaza con destruir las relaciones humanas y acaba incluso justificando guerras.

El diagnóstico es crucial para poder diseñar una alternativa. Hay solución y por eso Alberto nos hablará de políticas de cambio estructural. Reivindica el valor del “radicalismo” porque esas políticas radicales son aquellas que pretenden resolver el problema de raíz y no únicamente paliar las consecuencias de ese problema. Por eso y porque renuncia a considerar enemigos a los reformistas y a quienes, como ellos, hacen esfuerzos por mejorar la situación de las personas en este sistema económico, se ha dejado la piel en este último año de manera especial en la consecución de la Unidad Popular. El que haya habido otros que no hayan querido finalmente, no podrá atribuírsele a él, que ha renunciado a entender la política como un “mercado de fichajes” para defender el trabajo y las ideas colectivas. Nunca se lo podremos agradecer lo suficiente los que llevamos soñando con eso mucho tiempo. Y, pase lo que pase, en enero todo empezará de nuevo.

Vivimos tiempos convulsos. Tiempos de incertidumbre en los que los proyectos vitales de mucha gente se están quebrando como consecuencia de la crisis económica y de la gestión neoliberal de la crisis y la historia nos ha enseñado que, es en estos trances, cuando más importante es que prevalezcan los valores y los principios. Son esos valores y principios los que nos han permitido a lo largo de la historia conquistar derechos y libertades. Valores que le llevaron al ser elegido diputado en 2011 a ser el primer diputado en renunciar junto a Cayo Lara del sistema de pensiones privado que se concede a los miembros del Congreso. Valores que le llevan a hacer pública su nómina, a dar datos de ingresos y patrimonio de manera absolutamente transparente o a aplicar estrictamente la carta financiera por la que renuncia a percibir la parte de sueldo que exceda tres veces el SMI. Eso es coherencia y una muestra clara de que la dignidad a la hora de ejercer un cargo público no va unida al monto que se percibe por ese servicio a la sociedad. Hay quienes creen, como Alberto, que mientras haya mucha gente cobrando 9.080 euros de salario mínimo anual, no puedes acercarte a su realidad cobrando 78.000 euros como percibe el señor Rajoy o 300.000 como pretende cobrar el señor Rivera.

Y en esta semana cercana al 6 de diciembre es el único candidato que se atreve a seguir manteniendo la misma posición política en torno a la Constitución. Defiende la necesidad de un proceso constituyente como una ventana de oportunidad para conseguir un marco social y un Estado federal y republicano. Porque hacer reformas de calado sobre modelo de Estado, ley electoral o derechos sociales sin un nuevo proceso constituyente sería un “auténtico fraude constitucional” al pueblo. Algunos quieren una reforma por la puerta de atrás realizada por las élites pero Alberto sigue empeñado en defender principios y no nos importará quedarnos solos en la defensa de un cambio profundo y real. Aunque, ¿De verdad estaremos solos?  Alberto Garzón y yo sabemos que no.

El programa pues del que nos hablará Alberto Garzón es un compromiso irrenunciable, la identidad de una fuerza política, la expresión a través de medidas concretas de las necesidades materiales de la clase social a la que representa. Por eso incluye en el mismo la auditoría de la deuda pública o la nacionalización de los sectores estratégicos que solo pueden subsistir actualmente gracias a recursos públicos o a ventajas otorgadas desde el Boletín Oficial del Estado. No cabe en su estrategia un programa en la oposición y otro para entrar a gobernar. Esta práctica común que algunos llaman de “realismo político” ha contribuido al descrédito de la política y de los partidos. Como le hemos escuchado en muchas ocasiones, no de la clase política, que no existe como tal. No hay clase política pero sí políticos de diferentes clases. Alberto defiende a la suya.

Estamos ante un momento clave y por eso hace falta la voz de la izquierda en esta situación histórica. Y no es una persona cualquiera quien nos la va a explicar hoy en este lugar. Lo va a hacer un joven economista con firmes convicciones, orgulloso de llevar una mochila en la que guardamos cosas inútiles seguro pero que rebosa de valores imprescindibles para transformar la realidad y construir en la práctica una sociedad más justa junto a muchas compañeras y compañeros de otras organizaciones y movimientos sociales que nos acompañan en este proceso tan ilusionante de Unidad Popular. Quien piense que no hay alternativa es que no le ha escuchado. Les dejo con mi compañero y amigo Alberto Garzón.

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